sábado, 8 de mayo de 2010

Nemrud Dag, el trono celestial

En Asia Menor había antaño muchas de las llamadas "montañas sagradas". Una de ellas es Nemrud Dag, un gigante de 2.150 m. de altitud situado en la cordillera de Antitauro, en Anatolia, la península de Turquía tan cargada de historia. En la cumbre hay estatuas de dioses y reyes greco-persas, mudos testigos de un antiguo reino. También son testigos silenciosos de una terrible maldición y de un misterioso enigma que se oculta en el interior de la montaña; por lo menos eso es lo que parece que está grabado en ellas y representado en letras del alfabeto griego.

EL SEPULCRO REAL OCULTO
Kommagene sería desde hace tiempo un reino caído en el olvido si su soberano, Antíoco I (mediados del siglo I a. de C. a 34 d. C.), no hubiera transformado toda la cumbre de la montaña Nemrud Dag en un inmenso sepulcro para sí mismo.
"He hecho construir el templo mortuorio en este lugar sagrado para que la envoltura de mi cuerpo descanse allí hasta tiempos infinitos en el trono celestial común de todos los dioses", hizo grabar el rey por entonces sobre pesadas placas de piedra calcárea. Antes de esto ya había hecho abrir tres terrazas de notable extensión en la montaña, sobre las que se colocaron enormes estatuas de toneladas de peso.
Detrás se erigió una pirámide de piedra picada de 50 m. de altura que cubría toda la punta cónica de la montaña.
De este modo, pensó, su sueño eterno no se vería perturbado por profanadores de tumbas. Y tuvo razón, porque hasta hoy nadie, ni saqueadores ni arqueólogos, ha logrado penetrar en la pirámide cuyos fragmentos de piedra del tamaño de un puño se desplazan para tapar cualquier abertura que se intente practicar.
Hay muchas especulaciones en torno a las razones que movieron a Antíoco a colocar numerosas estatuas de dioses en la cumbre de Nemrud Dag. Lo cierto es que el monarca intentó unir varias cosmovisiones y confesiones religiosas. En una estela de Nemrud Dag está escrito: "Creo que la devoción no sólo es para nosotros los humanos el bien más seguro entre todas las propiedades, sino también la alegría más dulce".

IRA DE LOS DIOSES
Además, el monarca dejó un "mensaje inmortal" que confió exclusivamente a Nemrud Dag y que recibió el nombre de "la ley inamovible del tiempo".
Asimismo formuló una maldición sobre todo aquel que tratara de encontrar su tumba y su secreto: "Para todas las estirpes [...] es una cuestión religiosa que lo guarden de manera que nadie pueda tocarlo, a sabiendas de que todo acto impío será perseguido por la terrible venganza de los ancestros [...]. A quien intentare levantar o lesionar la vigencia sagrada de este mandato, caiga sobre él y sobre toda su estirpe la ira irreconciliable de todos los dioses hasta obtener el pleno desagravio".

DETECTIVES ARQUEOLÓGICOS
En 1880, el ingeniero alemán Karl Sester descubrió el sepulcro de Nemrud Dag. En 1882 volvió al lugar junto con el arqueólogo berlinés Carl Humann (1839-1896) e inició un inventario. Las primeras excavaciones extensivas no se iniciaron hasta 1951, a cargo del arqueólogo alemán Friedrich Karl Dörner y la paleontóloga norteamericana Theresa Goell.
Desde 1989, los geofísicos Tom Utrech y Volker Hagen, del Instituto Geofísico de Kiel, Alemania, tratan de explorar el montículo de tierra con mediciones sismográficas y de radar, descubriendo anomalías en forma de caverna que dibujan una línea ascendente. El director turco de la expedición, Sencer Sahin, de la Universidad de Colonia, sospecha que la tumba de Antíoco se halla en el más alto de estos puntos: es donde estaba más cerca de los dioses.
Aunque el santuario todavía no ha revelado su secreto, seguramente no es más que una cuestión de tiempo hasta que los arqueólogos encuentren la tumba y logren abrirla. Entonces se demostrará si Antíoco habrá conseguido mantener su bimilenaria maldición con toda su potencia hasta el tercer milenio.

6 comentarios:

La Dame Masquée dijo...

Uy, yo en su lugar dejaria la tumba y no osaría tocarla, no vaya a ser que ocurra otra vez como con la maldicion de Tutankamon!
Me fascinan estas historias de viejas tumbas y maldiciones. Veremos qué sorpresas nos depara este lugar.

Feliz tarde de sabado

Bisous

Noelia dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con vos, Madame. A los muertos hay que dejarlos tranquilos, por si las moscas, sobretodo si se tomó tantas molestias en proteger su tumba.
De todas formas cuando los estudios arqueológicos den su fruto igual nos llevamos alguna que otra sorpresa.

Feliz fin de semana ;)

Felix Casanova dijo...

Noelia...

Jo, que mundo me has descubierto del cual conocía poco. Impresionantes las imágenes y la forma en la que has descrito brevemente una extensa época de la historia. Felicidades.

Un beso

Noelia dijo...

Félix, hay muchísimos rinconcitos llenos de misterio en el mundo, alejados de las rutas turísticas más concurridas, y este es uno de ellos.

Un beso ;)

Grandolina dijo...

Hola Noelia!

Que interesante la historia que hoy nos traes.
El buen Antíoco I, quiso dejarlo todo atado y bien atado además de construirse un templo mortuorio de máxima seguridad lo quiso sellar con una maldición...el tiempo nos contará el secreto que encierra su tumba.

Un beso.

Noelia dijo...

En aquellos tiempos asegurarse un lugar junto a los dioses pasaba por preservar a toda costa el cuerpo del difunto. Así que lo mejor era hacer doble barrera: física, con una tumba inexpugnable, y psicológica, con una maldición que incluso hoy en día pone los pelos de punta.

Un besote :-*

:)) w-) :-j :D ;) :p :_( :) :( :X =(( :-o :-/ :-* :| :-T :] x( o% b-( :-L @X =)) :-? :-h I-)

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