jueves, 18 de febrero de 2010

Antiguos Oráculos: ¿profetas o especuladores?

"El Soberano a quien pertenece el Oráculo de Delfos ni dice ni oculta, sino significa." HERÁCLITO, SIGLO VI a. C.

Los antiguos griegos creían que los dioses hablaban con los mortales y podían orientarles sobre su futuro. La comunicación divina formaba parte de la vida cotidiana. Los videntes viajaban de ciudad en ciudad vendiendo profecías u ofreciéndose para interpretar presagios. El vuelo de un pájaro, restos de un sacrificio, imágenes de un sueño, incluso un estornudo... Cualquiera de estos signos podía, si era interpretado correctamente, revelar la voluntad de los dioses.
Los mensajes divinos que los griegos consideraban más importantes eran emitidos por los Oráculos. Se trataba de lugares fijos, habitualmente santuarios, donde se podían hacen consultas directas a los dioses o héroes. Se utiliza la misma palabra para los emplazamientos que para los mensajes que emitía. El Oráculo más famoso es (y era) el de Apolo en Delfos, pero en la literatura antigua se mencionan muchos otros.
La popularidad de los Oráculos creció y se redujo a lo largo de los siglos: aparecían nuevos lugares, otros caían en desuso. Pero a pesar de todo, durante más de 1.000 años individuos y ciudades estado visitaron estas instituciones para que les orientaran en decisiones cruciales y, a cambio, les hacían entrega de magníficos regalos, a menudo tesoros extraordinarios de gran valor.
Pero qué tipo de ayuda recibían los visitantes de los Oráculos constituye un rompecabezas desde hace mucho tiempo. Muchos de los conocidos relatos de la antigua literatura griega describen sus mensajes (especialmente los de Delfos) como complicados y engañosos; a menudo daban lugar a resultados catastróficos para sus destinatarios. No queda claro por qué los griegos querían confiar a los Oráculos las decisiones importantes. Tampoco estamos seguros de los métodos de profecía utilizados en estos emplazamientos. El misterio de los Oráculos aún seduce (y deja perplejos) a los estudiosos actuales.

¿MUJERES DELIRANTES Y SACERDOTES TURBULENTOS?
El Oráculo de Apolo de Delfos ha sido objeto de máxima atención tanto en la literatura antigua como en el mundo de los estudiosos. Aquí se creía que la profetisa (de nombre Pitia) tenía inspiración divina, considerado el método más prestigioso de profecía entre los antiguos. Cómo lo hacía es polémico. La tradición asegura que entraba en un estado de éxtasis divino al masticar hojas de laurel e inhalar vapores embriagadores de una sima, encima de la cual estaba colocado el trípode de Apolo en el que ella se sentaba. Sus desvaríos incoherentes eran convertidos en versos por los sacerdotes del santuario llamados prophetai.
Inicialmente, los estudiosos aceptaron esta descripción mientras intentaban racionalizarla. Según algunos, estos prophetai simplemente pasaban la información que obtenían de un visitante a otro. Otros sugerían que entraban en juego motivaciones más venales; describían a los sacerdotes como psicólogos astutos que averiguaban los secretos de la gente y les decían lo que querían oír; o incluso como intrigantes políticos que utilizaban su posición única para apoyar causas favorecidas.

¿PROVECHO O PROFETAS?
Sin embargo, parece insólito el éxito de estas estafas. Los griegos eran perfectamente conscientes de los peligros del fraude en esta materia: en las comedias populares de Aristófanes, los personajes criticaban frecuentemente a los videntes deshonestos y rapaces. Contra los Oráculos no se formulaban tales acusaciones, aunque sabemos que a sus visitantes se les cobraba algún tipo de honorario (los detalles son oscuros). Algunos relatos describen intentos de sobornar el Oráculo de Delfos; pero son raros y su intención clara era hacer hincapié en la naturaleza execrable del corruptor más que otra falta de honradez del Oráculo.
De hecho, es difícil entender cómo alguien podía ser descrito como una persona que se aprovecha de los Oráculos y sus tesoros, ya que los griegos procuraban asegurarse de que ningún individuo, grupo o estado pudiera reclamar su propiedad. Las riquezas pertenecían solamente al dios y eran expuestas en cada uno de los santuarios para su gloria. Sólo raramente (y en situaciones de desesperación) alguien se atrevía a cogerlas, y en esos casos el castigo era muy severo.
El Oráculo de Delfos y otros eran vistos (por lo que sabemos) o pensados para ser vistos como agentes sinceros de las profecías. Incluso los primeros escritores cristianos, en su afán de desacreditar los Oráculos, no los acusaban de corrupción, sino que preferían denunciar los mensajes que éstos emitían como creaciones de demonios malvados.
Esto no aclara nuestras dudas sobre el funcionamiento de los Oráculos en la sociedad griega. Recientemente, dos ámbitos de investigación han planteado ideas interesantes (aunque polémicas) sobre esta cuestión. Estudios antropológicos de los Oráculos en las culturas contemporáneas han introducido materiales comparativos que ayudan a ampliar la comprensión, mientras que un análisis minucioso de la redacción y contenido de las antiguas consultas a los Oráculos que se han conservado ha fomentado una reconsideración de las versiones tradicionales.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS
Parece que los griegos, como pueblos de muchas culturas que utilizaban Oráculos, no acudían a ellos por curiosidad general sobre el futuro, sino que realizaban consultas sobre el curso concreto de una acción y probablemente buscaban que les confirmaran las decisiones que ya habían tomado. Las preguntas la mayoría de las veces eran planteadas de tal forma que la respuesta fuera "sí" o "no".
El Oráculo del santuario de Zeus en Dodona nos ha proporcionado la mayoría de pruebas que tenemos de las demandas realizadas, aunque parece que en Delfos eran similares. Éstas abarcaban muchos aspectos de la vida cotidiana (por ejemplo, acerca del matrimonio, los hijos, el trabajo, los viajes). Las realizadas por el estado comprendían consultas sobre cuestiones políticas y fundaciones de asentamientos. Parece que los Oráculos también funcionaban como árbitros en temas religiosos, cruciales en una sociedad que, por lo demás, no tenía expertos en religión. Los individuos frecuentemente pedían al Oráculo que les dijera a qué dios debían dirigirse para asegurar el éxito de un proyecto, mientras que las demandas estatales a menudo concernían a ajustes e innovaciones de la práctica religiosa.
Un análisis de las respuestas históricas dadas a los visitantes de los Oráculos indica que éstas no eran enigmáticas y ambiguas como las de los relatos tradicionales. Podían ser sencillas declaraciones en prosa. Algunos piensan que en Delfos era la misma Pitia la que las pronunciaba directamente a los visitantes. La naturaleza de su éxtasis divino está en discusión. De acuerdo con las comparaciones realizadas con instituciones similares en otras culturas, podría haber funcionado como una forma de "resistencia": a saber, un mecanismo que refuerza la apariencia del orador como alguien objetivo. La sima vaporosa y los efectos del laurel masticado eran casi con seguridad producto de la imaginación de los escritores posteriores.

AFIRMACIONES PROSAICAS
Estos análisis pueden facilitar la comprensión de cómo y por qué los griegos consultaban los Oráculos, pero nos siguen asombrando los mensajes ambiguos de los relatos tradicionales. ¿Hicieron realmente esas profecías, los Oráculos? Los griegos antiguos creían que sí, y les atribuían una práctica anterior que cayó en desuso. Esta explicación sigue siendo popular. Otros estudiosos indican que estas historias son simplemente mezclas de proverbios, de cuentos populares y de la clase de profecías que circulaban de forma generalizada en la época.
Aceptemos la explicación que aceptemos, estos relatos seguirán siendo una muestra clara de cómo los griegos veían la diferencia entre el conocimiento mortal y el divino, lo que a su vez nos ayuda a entender por qué se dirigían a los Oráculos para lo que consideraban una orientación sobre el futuro.

5 comentarios:

CALISTOR dijo...

Es famosa la pregunta de Creso, el rey de lidia, que le pregunto al oráculo que ocurriría si atacaba a los persas, contestando esta que acabaría con un gran imperio, lo gracioso era que se refería al suyo propio.

Quien no ha jugado a,,,si le doy con la piedra al pájaro, la chica sera mia, si pasa ahora un tren, conseguiré el préstamo,:D.

Gracias por el articulo noelia...

Noelia dijo...

Jejeje, la verdad es que sí, Calistor, todos hemos buscado alguna vez algún "signo" de lo que ocurrirá o de lo que debemos hacer :P

Feliz fin de semana :)

Saerwen dijo...

Elijo a Tiresias, me encanta su historia :p
Noelia, quería hacerte una consulta sobre el tema de la manzana que muerde Adán, y la posibilidad de que se trate de una higuera, y no de un manzano. Hace poco lo escuché a Dolina en la radio hablando de eso, pero lo hizo al pasar, porque estaba centrado en los mitos nórdicos, y fue sólo una referencia al tema. Si leíste algo sobre la famosa higuera, te agradecería que me dijeras dónde puedo buscarlo, y si no... igual gracias por leerme :p
Un beso y buen fin de semana!

Noelia dijo...

Saerwen, con respecto a tu consulta he estado rebuscando entre mis libros, y la verdad es que no he encontrado ninguna referencia a esa teoría. Lo que sí es cierto es que en la Biblia no se menciona en ningún momento que el fruto prohibido fuera una manzana. Sólo se habla de "frutos". Y se menciona a la higuera porque Adán y Eva usaron una de sus hojas para cubrirse.
La imagen de Eva y la manzana viene de la leyenda griega de las Hespérides, que eran las guardianas del jardín de las manzanas de oro que prometían la juventud eterna. En el Renacimiento el fruto prohibido se empezó a representar como una manzana probablemente debido a la influencia de la cultura clásica en esa época.
Siento no poder ayudarte más, si averiguo algo sobre la teoría de la higuera te lo haré saber :)

Un abrazo ;)

Saerwen dijo...

Gracias Noelia, besos :)

:)) w-) :-j :D ;) :p :_( :) :( :X =(( :-o :-/ :-* :| :-T :] x( o% b-( :-L @X =)) :-? :-h I-)

Publicar un comentario

 
Ir Arriba
© 2009 Template Blogger design by: Noelia Gracias sobre todo a:El Blog de Pepe