domingo, 20 de diciembre de 2009

¿Regresaron del "más allá"?

Dante Alighieri fue desterrado de Florencia, su ciudad natal, tras haber participado en las luchas políticas de su tiempo, llegando a desempeñar altos cargos. Tras la victoria de sus rivales políticos, fue acusado de graves delitos de corrupción, malversación e intrigas contra la Iglesia romana. Condenado al destierro, se refugió en Ravena, contando con la protección de Guido Novello de Polenta, señor de la ciudad, que le profesaba gran afecto, y en donde falleció el 13 de septiembre de 1321.
Tras su muerte, sus hijos Jacopo y Piero echaron de menos las últimas hojas del manuscrito de la que sería su obra maestra, La Divina Comedia, escrita en memoria de una dama a la que amó castamente toda su vida, Beatriz Portinari. Tras registrar toda la casa y el estudio de su padre concienzudamente, ambos "perdieron toda esperanza". Meses después Jacopo soñó que veía a su padre vestido de blanco y bañado -de pies a cabeza- en una luz etérea, y cómo éste le señalaba un rincón de su estudio, que había permanecido ajeno al registro.
Con un abogado, amigo de su padre, como testigo, ambos hermanos registraron el lugar indicado en el sueño. Allí había una pequeña persiana fija en la pared, tras la cual hallaron un ventanuco, y en su interior varios pliegos enmohecidos y en bastante mal estado, pero gracias a ellos se completó uno de los más grandiosos poemas de la literatura universal, que hubiera podido perderse para siempre. Se trataba de los últimos 13 cantos; ni que decir tiene que tanto los hijos del poeta, como Piero Gardiano, el amigo y condiscípulo, quedaron perplejos.
De todas formas, la intervención del difunto Dante resulta prácticamente imposible de admitir; pero todas las cosas tienen o deben tener una explicación... aunque no estemos en condiciones de darla...

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Una fría tarde invernal de finales del siglo XIX, el eminente neurólogo S. Weir Mitchell, tras una agotadora jornada en su clínica de Filadelfia (Pennsylvania, EE. UU.), regresó a su domicilio, y no tardó en adormecerse en su butaca favorita, cerca de una bien encendida chimenea.
De pronto sonó la campanilla de la puerta con tanta insistencia que el hombre se despertó sobresaltado. Cuando abrió se encontró en el escalón con una niñita que a duras penas trataba de abrigarse con un raído chal, y que con voz quejumbrosa le suplicaba que acudiera a socorrer a su madre, que estaba gravemente enferma.
El doctor Weir la siguió por un laberinto de intrincadas y nevadas callejuelas, hasta llegar a una casa vieja y la chiquilla le guió hasta uno de los pisos.
Allí encontró a la enferma, que resultó ser una antigua sirvienta de su familia; tras un somero reconocimiento diagnosticó que padecía neumonía y envió, a sus expensas, a buscar los medicamentos que le había prescrito. Cuando la enferma mejoró, Mitchell no pudo por menos que felicitarla por tener una hija tan obediente y abnegada.
La mujer quedó sorprendida y replicó que su hija, cuya descripción coincidía con la dada por el médico, había fallecido un mes antes. En un armario, tal y como indicó la enferma, el doctor encontró los zapatitos secos y el chal doblado y también seco... Era, pues, imposible que hubieran sido utilizados aquella noche bajo una rigurosa nevada. La enferma se repuso, pero la niña no apareció jamás.
Increíble, pero cierto... ¿Acaso el amor filial llevó a aquella niña a regresar por algún tiempo del "más allá"...?

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Frederick Dufferin, fue un famoso político inglés, nacido en Florencia (1826), que llegó a desempeñar altos cargos. Gobernador general de Canadá (1872), embajador en San Petersburgo (1879) y en Estambul (1881). Durante su virreinato en la India (1884/88), Birmania fue incorporada al Imperio. En 1888 fue embajador en Roma, y de 1891/96 en París. Falleció en Londres (1902).
En 1880, Lord Dufferin pasaba sus vacaciones en la casa de campo irlandesa de un amigo. Cierta noche tuvo un sueño tan extraño que le hizo despertarse sobresaltado. Tras levantarse, tuvo la ocurrencia de mirar por una ventana, viendo a poca distancia la figura de un hombrecillo enjuto y de aspecto desagradable, que avanzaba tambaleándose bajo el peso de un ataúd. Extrañado por algo que no tenía explicación, Dufferin salió de la casa con intención de interrogar al desconocido, pero al tratar de hacerlo, éste desapareció como si se hubiera evaporado.
Al día siguiente relató lo sucedido a su amigo, quien quedó igualmente confuso, ya que no encontraba ninguna explicación ante tan extraña aparición.
Algunos años más tardes, Lord Dufferin, ya embajador en París, asistía a una recepción diplomática en el Grand Hotel de esta ciudad. Cuando iba a entrar en el ascensor en compañía de su secretario, retrocedió y rehusó subir... Había reconocido en el ascensorista al personaje que había visto años antes, en Irlanda, llevando a cuestas un ataúd.
Sorprendido el embajador, se dirigió con su secretario, a la recepción del hotel para tratar de averiguar la identidad del extraño ascensorista, cuando de pronto se oyó un terrible estruendo; al llegar el ascensor al quinto piso se rompió el cable y, fallando los dispositivos de seguridad, se estrelló contra el fondo del pozo, causando la muerte de todos sus ocupantes.
Las circunstancias del accidente fueron debidamente registradas por la prensa de la época; por otra parte, no fue posible descubrir la identidad del ascensorista, ya que las minuciosas investigaciones acabaron fracasando.
Fuera quien fuera aquel extraño hombrecillo y viniera de donde viniera, lo cierto es que había salvado la vida a Sir Frederick Dufferin.

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Cierto día un indivíduo -del que desconocemos su nombre, por lo cual le denominaremos MR. XY-, llegaba hasta el piso 55 del célebre edificio neoyorquino Empire State Building, cuando se encontró con un extraño sujeto apoyado en la pared, junto a una de las grandes ventanas. Mr. XY no le hubiera dado mayor importancia, de no haber advertido algo raro en aquel hombre, que le preguntó con cierta brusquedad el piso al que se dirigía.
Cuando nuestro hombre explicó que iba al piso 78, el curioso personaje le advirtió que debía desistir del empeño, ya que en cuestión de pocos minutos un avión se estrellaría precisamente contra "aquel piso". Mr. XY, un tanto nervioso por el aspecto de su interlocutor, decidió mandarle a paseo y proseguir su ascensión, cuando éste se puso de pie sobre el alféizar de la ventana y, antes de que pudiera impedirlo, saltó al vacío, para estrellarse sobre el asfalto de la Quinta Avenida.
Mr. XY descendió lo más rápidamente que le permitió el ascensor, y avisó a uno de los policías que prestaban servicio en la planta baja del colosal edificio de 449 metros (antena de televisión incluida) de altura. Ambos se acercaron al lugar donde se suponía yacería el cuerpo destrozado del suicida, pero no encontraron nada. El policía procedió a pedir a Mr. XY que hiciera una descripción del curiosísimo personaje.
Resultó tratarse de un auténtico suicida, al que llamaremos Mr. Z., que se arrojó al vacío en 1929. En aquel preciso momento, un enorme estruendo, que paralizó el tráfico, hizo que las miradas de todos se dirigiesen hacia los pisos superiores, desde donde llovían llamas y escombros.
Era el lunes 28 de junio de 1954, y un aparato de la Fuerza Aérea estadounidense acababa de estrellarse contra el piso 78 del entonces edificio más alto del mundo. Se registraron 13 muertos y 25 heridos.

4 comentarios:

Katy dijo...

Hola Noelia, yo no creo que nadie haya regresado del más allá, pero si que creo en la intución y la premonición. Nuestra mente esa gran desconocida o el inconsciente se puede conectar en ocasiones con la energía universal, en dónde está todo, pasado, presente y futuro. Ha habido quien ha soñado con un número de lotería, lo ha comprado y ha tocado.
No soy una experta en estos temas pero si me ha gustado siempre buscar explicaciones.
Besos, aprovecho para desearte una Felices Fiestas

CALISTOR dijo...

Que curiosos algunos, el de dante lo conocia,hay otro tambien de chopin que parecia transportarse al cuerpo de una mujer creo que era,tocando y creando partituras, que dichos en la composicion, comentaban que perfectamente podrian haber sido del compositor.
Ayyy el misterio como te tira,...;D

Noelia dijo...

Katy, ojalá tengas razón con lo de la lotería, porque llevo un número que ha soñado mi madre :P Felices Fiestas ;)

Noelia dijo...

Calistor, lo de Chopin no lo había oído nunca, y si que me tira el misterio :P
Felices Fiestas a tí también :)

:)) w-) :-j :D ;) :p :_( :) :( :X =(( :-o :-/ :-* :| :-T :] x( o% b-( :-L @X =)) :-? :-h I-)

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