Almacrius

domingo, 13 de diciembre de 2009

¿Quiénes eran los celtas?

"Para demasiados, tal vez la mayoría de la gente ajena a la pequeña compañía de los grandes eruditos del pasado y del presente, lo celta de alguna manera es [...] una bolsa mágica, en la cual se puede poner alguna cosa y de la que también puede salir algo [...] cualquier cosa es posible en el fabuloso crepúsculo celta el cual, por consiguiente, no es tanto un crepúsculo divino como racional." J. R. R. TOLKIEN, 1963


Hoy en día estamos acostumbrados a pensar en los celtas como un pueblo lindante con el Atlántico europeo, pero en su momento fueron uno de los pueblos del continente que se extendió más. Los primeros celtas que se conocen en la historia aparecen en los escritos de los historiadores griegos de los siglos V y VI a. C. El término celta (en griego, Keltoi) se usaba inicialmente para describir a los pueblos que vivían en el interior de la colonia griega de Massalia (Marsella moderna). Más tarde, el término fue utilizado como prácticamente sinónimo de la palabra romana Galli (galos) y Galatoi (gálatas), palabra griega afín, para describir a un poderoso grupo de pueblos que en el siglo III a. C. dominaba una vasta franja de Europa desde el océano Atlántico hasta el mar Negro, con ramas en España, Italia y Anatolia. Escritores clásicos también reconocen similitudes estrechas entre estos pueblos continentales y los habitantes de Gran Bretaña e Irlanda, aunque nunca los describieron como celtas o galos.

LA IDENTIDAD CELTA
Lo que unía a estos pueblos según los clásicos era el hecho de compartir costumbres y creencias y, ante todo, una lengua: todos ellos hablaban lo que ahora se conoce como lenguas celtas, parte de la gran familia de lenguas indoeuropeas. Los representantes modernos de estas lenguas son el galés, el bretón y el gaélico irlandés y escocés; pero se sabe que se hablaban varias lenguas celtas más en tiempos antiguos e incluso recientes. "Celta" era una palabra que algunos de los pueblos continentales que hablaban el celta (pero, sin duda, no todos) empleaban para definirse, ya que es uno de los elementos que aparece en los nombres de tribus y personas. Sin embargo, no hay pruebas de que los pueblos de Gran Bretaña e Irlanda lo utilizaran. Esto ha ayudado a convertir la identidad celta en uno de los temas más controvertidos de la arqueología británica moderna: ¿se puede realtmente denominar a los habitantes de Gran Bretaña e Irlanda como celtas si ninguno de sus contemporáneos se definía a sí mismo como tal?
Parece que ninguno de los pueblos antiguos autodenominados celtas vivió en Gran Bretaña ni en Irlanda y, a pesar de haberse producido sin duda algún intercambio entre la población, no hubo migraciones importantes de celtas continentales hacia las islas. Una respuesta a esto ha consistido simplemente en eliminar a los celtas de la prehistoria británica e irlandesa; pero, como es lógico, los celtas actuales han reaccionado con ira: ¿qué quiere decir ser celta si las comunidades de las que uno afirma descender no eran celtas? Se han presentado acusaciones de limpieza étnica.
¿Cómo debemos definir a los celtas, entonces, si no los eliminamos de la prehistoria británica e irlandesa? No podemos definir a los antiguos celtas como una comunidad genética (una raza) ya que una identidad étnica es fundamentalmente cultural. Los estudios genéticos realizados demuestran la existencia de una continuidad importante de las poblaciones durante miles de años; las identidades han cambiado pero la gente sigue siendo la misma en gran medida. Un enfoque mejor es definir a los antiguos celtas en términos lingüísticos, como el grupo de pueblos que habla lenguas celtas. No importa cómo se autodenominen, la afiliación lingüística de los pueblos de Gran Bretaña e Irlanda a finales de la prehistoria es indudable (la mayor parte, si no todos, hablaban lenguas celtas), mientras que el hecho de poner en tela de juicio las interpretaciones basadas en migraciones de la prehistoria británica e irlandesa hace que sea más probable que las islas formaran parte de la zona donde las lenguas celtas se desarrollaron primero: hay pocas pruebas para poder sugerir que fueron introducidas mediante el comercio o una élite aristocrática conquistadora.

LA GESTACIÓN DE UN MITO
Si los antiguos celtas están entre los misterios del mundo antiguo es en gran parte porque los situaron allí los románticos modernos. Hasta el nacimiento de la arqueología moderna, el conocimiento histórico de los antiguos celtas se basaba forzosamente en las obras de los escritores griegos y romanos clásicos, cuyas actitudes hacia ellos estaban teñidas de distintos grados de temor, aversión y condescendencia. Estos escritores dibujaban un cuadro bastante lógico de los antiguos celtas como una raza de orgullosos guerreros con unos sacerdotes muy poderosos. Los guerreros celtas eran feroces, indisciplinados y jactanciosos, adictos a los banquetes y la bebida, celosos de su estatus y honor. Admiraban la poesía y la habilidad con las palabras y la clase sacerdotal de los druidas gozaba de respeto, influencia y poder; no sólo como intermediarios de los dioses, sino también como guardianes de las tradiciones y leyes tribales que aprendían de memoria en un aprendizaje que duraba 20 años. Los druidas realizaban sus rituales en arboledas de robles sagrados y llevaban a cabo sacrificios humanos horripilantes. Esta visión no es para nada objetiva: fue pensada para comparar negativamente a los celtas con el mundo ordenado de las civilizaciones griega y romana. Pero los tiempos cambian y con ellos los valores.
A finales del siglo XVIII, se vivió uno de los desarrollos culturales que más influyó en la historia europea: el principio del movimiento romántico, una rebelión intelectual contra el aumento inexorable del racionalismo científico. Para los románticos, lo que los griegos y los romanos habían presentado como vicios eran virtudes. La violencia y la falta de disciplina de los celtas se convirtió en una independencia e individualismo apasionados y su superstición se convirtió en espiritualidad y amor por la naturaleza. Un nuevo conocimiento de los mitos y las leyendas celtas, recogidos principalmente por monjes irlandeses medievales, añadió al estereotipo clásico un halo místico, que a la larga se caracterizó como el "crepúsculo celta". Doscientos años después, esta visión tan atractiva de los celtas como heroicos, poéticos y espirituales (la antítesis de la sociedad industrial moderna) sigue siendo aceptada con falta de sentido crítico por gente muy diversa: desde nacionalistas celtas hasta representantes del "New Age". Pero esto realmente tiene más que ver con los valores y preocupaciones de la sociedad moderna que con los antiguos celtas. ¿Qué tipo de pueblo era realmente?

LA REALIDAD DE LOS CELTAS

Si observamos el mundo celta desarrollado en su apogeo de los siglos III a I a. C., podemos ver rápidamente que sus habitantes en realidad se parecían mucho a sus coetáneos: los romanos, los antiguos griegos y los primeros germanos. En esa época los celtas habían desarrollado instituciones políticas como la monarquía, magistraturas electas y asambleas (senados) análogas a las del mundo clásico. Los celtas vivían cada vez más en asentamientos bien planeados (llamados oppida), muchos de los cuales eran ciudades plenamente desarrolladas. Como los griegos y los romanos, los celtas utilizaban monedas cotidianamente, ya que el comercio basado en el sisema de intercambio fue sustituido gradualmente por el dinero en metálico. También se empezó a utilizar la escritura. Los celtas estaban tan al día en cuanto a lo que la tecnología se refiere que los romanos adaptaron muchas de sus innovaciones, como el barril, las técnicas de construcción de barcos, la cota de malla y el diseño de sus yelmos de legionarios. Los celtas eran sin duda belicosos y algunas de sus costumbres, concretamente la de cortar cabezas, les caracterizaba. La sociedad celta era muy competitiva y la guerra era una palestra importante para la élite, a fin de ganar prestigio y riqueza. En esto no eran distintos de sus coetáneos: la expansión del Imperio romano se consiguió gracias a que los aristócratas persigueieron fines idénticos.
Respecto a las creencias religiosas, los celtas no tenían un único sentido de la espiritualidad. Compartían con los germanos, griegos y romanos su veneración por los lugares naturales (como arboledas, fuentes y ríos). Esta reverencia no hizo que vivieran en más armonía con el medio que cualquier otro pueblo: talaron la mayor parte de bosques europeos para poder cultivar. Al igual que sus coetáneos, querían maximizar el rendimiento de su trabajo en la tierra porque ésta era la fuente principal de riqueza de las sociedades preindustriales. La adoración a los druidas puede parecer un mundo aparte de la formalidad de la religión clásica, pero los lugares sagrados y los templos se habían convertido en una característica común del mundo celta en el siglo I a. C., lo que indica un cambio a modelos más formalizados de culto también entre los celtas. Tampoco les diferencia completamente su práctica de sacrificios humanos, comunes entre los primeros germanos; incluso los combates de gladiadores a muerte de los que gozaban los romanos se originaron como parte de un rito fúnebre.
Así pues, los antiguos celtas eran (por los parámetros de la época) un pueblo complejo, racional y verdaderamente moderno. No eran ni como los presentaban los autores clásicos bárbaros llenos de prejuicios ni tampoco como pretendían los románticos modernos. Fue su misma complejidad la que convirtió su conquista por parte de Roma (siglos III a. C.-I d. C.) en algo de atractivo y realista, porque significaba que los celtas podían ser asimilados fácilmente por el sistema romano. Es revelador en este aspecto que las únicas partes del mundo celta que escaparon del dominio romano (el norte de Gran Bretaña e Irlanda) eran también las partes menos desarrolladas económica y socialmente.

4 comentarios:

Katy dijo...

Hola Noelia, vaya una entrandita erudita y trabajada dónde las haya. Le has quitado misterio a la cosa.Precisamente estoy con el horóscopo Celta :-) que nada tiene que ver con los celtas salvo los árboles. Me ha gustado mucho que los desmitificaras.
Un beso y feliz semana

Noelia dijo...

Katy, la verdad es que sí que los he desmitificado un poco, aunque también me gusta verlos desde el punto de vista del romanticismo.

Feliz semana a tí tambien :)

CALISTOR dijo...

Yo siempre vere a los celtas como la mezcla de un romano y un britano, tenian en cierta manera algun vinculo con la naturaleza, pero a su vez sentian la necesidad de desarrollarse como pueblo. Por este motivo quizas no se tenga un concepto claro de identificarlos,encima como para los romanos cualquier enemigo fuera de Roma, para ellos se consideraba barbaro y esto quizas, haya relegado a los celtas a un lugar en la historia poco diferenciado.
No digamos ya si nos metemos con los Godos, otro follon,...
Muy buen articulo y como te han comentado antes, has sido muy habil en dejar los celtas a camino entre un termino y otro.

Noelia dijo...

Tienes razón Calistor, si nos empeñáramos en "encasillar" a cada uno de los pueblos de la Antigüedad sería imposible, por los intercambios culturales que hubo entre ellos, y porque los que para unos eran héroes, para otros eran villanos.

Una vez más, gracias por tu comentario ;)

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