sábado, 5 de diciembre de 2009

La tumba perdida de Alejandro Magno

"[Julio] César [...] hizo una visita a la tumba tallada en la roca que albergaba el cuerpo de Alejandro Magno -este aventurero loco, si bien glorioso-, a quien la Muerte reclamó en la flor de la vida y vengó así un mundo derrotado." LUCANO, SIGLO I a. C.

Cuando Alejandro Magno murió en Babilonia en el año 323 a. C., se preveía sin duda que sus restos mortales estaban destinados a ocupar un lugar en el cementerio real ancestral de los reyes macedonios en Aigai (Vergina moderna, norte de Grecia). En Babilonia, su cuerpo (muy excepcionalmente) fue embalsamado en lugar de ser incinerado. Se convirtió en el foco de una lucha de poderes cuando varios pretendientes al imperio de Alejandro Magno se disputaron la sucesión: enterrar al predecesor era un derecho legítimo del nuevo monarca. Se dice que el mismo Alejandro Magno había expresado su voluntad de ser enterrado en Siwa, el oráculo de Zeus-Amón en el desierto occidental egipcio. Aquí le halagaron diciéndole que era "hijo de Ra", lo que en este contexto significaba hijo de Zeus-Amón. Fue después de este hecho que el atributo de este dios (unos cuernos de carnero) se añadió a la imagen de Alejandro Magno. Sin embargo, es poco probable que algún día podamos decir a ciencia cierta si él realmente expresó su voluntad de ser enterrado en Siwa o se trataba de una mera historia inventada como parte de la guerra de propaganda en el período que siguió a su muerte.

EL VIAJE A EGIPTO
Resultó ser Ptolomeo Sóter I, el gobernante de Egipto (304-284 a. C.), quien logró apoderarse del cadáver de Alejandro Magno: se dirigió a Damasco (Siria) e intercedió ante Arrideo, el sátrapa responsable de transportar el cuerpo desde Babilonia. Probablemente después del ofrecimiento de un soborno sustancioso, el cortejo fúnebre fue desviado y se puso en camino no de vuelta a Macedonia, sino hacia Egipto. Es irónico que sepamos más acerca de la carroza fúnebre muy adornada (que se tardó dos años en construir) que transportaba el cuerpo de Alejandro Magno en su viaje que acerca de los detalles de su última morada. Diodoro, el historiador que escribía en el siglo I a. C. pero que se inspiraba en la versión de un testigo ocular, nos ha dejado una descripción minuciosa.
Lo que sucedió a continuación se desconoce. Según una tradición histórica, el cuerpo de Alejandro Magno fue llevado a Menfis antes de ser trasladado a Alejandría. Parece probable que estuviera sepultado en Menfis, como mínimo durante un tiempo corto. No obstante, si fue durante "pocos años" -como afirma una fuente (Curtio Rufo)- queda abierto, sobre todo porque las principales autoridades (Diodoro y Estrabón) respecto a lo que pasó con el cadáver de Alejandro Magno no hacen mención alguna de Menfis. En todo caso (probablemente mucho antes de que acabara el reinado de Ptolomeo Sóter I), el cuerpo de Alejandro Magno fue trasladado a Alejandría, donde estuvo expuesto de forma permanente en un ataúd de oro. Sin embargo, ésta tampoco sería su última morada. Un sucesor de Ptolomeo Sóter I, Ptolomeo Filopátor I (221-205 a. C.), fue el responsable de la construcción de un mausoleo para la dinastía ptolemaica, conocido como Sema o Soma (según las fuentes), que contuvo el cuerpo de Alejandro Magno y también de los predecesores inmediatos de Tolomeo como gobernantes de Egipto. Este monumento podría haber sido erigido alrededor de la última morada original de Alejandro Magno en Alejandría, pero es más probable que fuera construido en un sitio nuevo cercano; en tal caso, es de suponer que pronto quedó olvidado el lugar donde fue enterrado originalmente. Incluso entonces no le dejaron descansar en paz: Tolomeo X (107-88 a. C.) robó el sarcófago de oro, que fue sustituido por uno de alabastro. El último visitante de la tumba registrado fue el emperador romano Caracalla, en el año 215. El monumento fue probablemente destruido en los disturbios en que se sumió Alejandría cerca del año 273. Es asombroso, pero el obispo John Chrysostom, que visitó Alejandría al cabo de poco más de un siglo, afirmó que incluso se había olvidado su ubicación.

LA TUMBA PERDIDA: FUENTES CLÁSICAS
No se ha encontrado nunca rastro alguno de la tumba de Alejandro Magno y, si quedan restos, es probable que estén enterrados en las profundidades en algún punto más allá de la Alejandría moderna. Sabemos más o menos dónde estaba: Estrabón dice explícitamente que está en la zona conocida como Los Palacios, un complejo inmenso de residencias, sepulcros y parques de placer de la realeza al lado del puerto oriental. La tumba de Alejandro Magno, por lo tanto, se encuentra probablemente en o cerca del mar de este barrio del nordeste de la ciudad. Pero las fuentes escritas existentes no nos han dejado pistas claras de su aspecto o tamaño, y los intentos para localizarla en representaciones de la ciudad a pequeña escala (como las lámparas de barro decoradas) son poco convincentes. Un pasaje del poeta latino Lucano del siglo I indica que el cuerpo yace (lo que no es sorprendente) en una cámara subterránea y da a entender que el techo tenía forma piramidal; pero esto difícilmente basta para intentar una reconstrucción de su aspecto.
Tampoco sabemos si tenía forma cuadrada o rectangular, como había sido normal para los mausoleos monumentales hasta el momento (y más particularmente en Halicarnaso, en Turquía, donde la famosa tumba de Mausolo nos dio la palabra "mausoleo"), o si rompió con la tradición y era circular. El hecho de que Lucano emplee la palabra tumulus, usada en el lenguaje arqueológico para describir una tumba circular (habitualmente coronada por un montículo de tierra o, en la prehistoria, completamente cubierta de tierra), no se puede considerar una prueba de que la tumba de Alejandro Magno fuera circular, ya que la licencia poética y las exigencias métricas (más que la exactitud descriptiva) podrían explicar la elección de esta palabra. La verdad es que ignoramos la forma y decoración de esta tumba y es una pena que las versiones escritas (que debieron existir en la antigüedad) de aquellos que vieron este monumento y quedaron impresionados por él no nos hayan llegado.

PARALELISMOS NUMÍDICOS
A falta de pruebas sólidas, no nos queda nada más que especular. Los monumentos más impresionantes que se han conservado del África del Norte prerromana fuera de Egipto son indudablemente los mausoleos de los reyes y príncipes numídicos: se conocen ejemplos cerca de Siga, Tipasa, Constantina y Batna (en Argelia), y en Dougga (en Túnez). Todos muestran unos estrechos vínculos con el mundo helenístico griego y la alta puerta falsa que los divide en cuatro compartimientos desiguales (un rasgo distintivo de casi todos ellos) resulta algo muy común en toda la arquitectura funeraria macedónica.
De estas tumbas numídicas, las más grandes e impresionantes son los mausoleos sólidos y circulares de Le Medracen (cerca de Batna, de 59 m. de diámetro) y el de cerca de Tipasa, conocido como Tumba de la Mujer Cristiana (llamada así equivocadamente debido a la forma parecida a una cruz de las líneas divisorias de la puerta falsa), que es incluso mayor (65 m. de diámetro). Ambas comparten las dos características conocidas de la tumba de Alejandro Magno: una cámara funeraria subterránea (a la que se llega por un pasillo fuera del monumento) y un techo piramidal.
¿Es posible que ambas utilizaran de modelo la tumba de Alejandro Magno en Alejandría? ¿Es una coincidencia que en Cirenaica (este de Libia), la parte del mundo griego más cerca de Egipto, aparecieran mausoleos circulares a finales del período helenístico? ¿Y es también casual que cuando Augusto deseó expresar sus ambiciones dinásticas, al principio del período de consolidación de su poder sobre el Imperio romano, eligiera levantarse un mausoleo circular enorme en el año 28 a. C. en la Campo de Marte de Roma? Éste a su vez se convirtió en modelo de las tumbas ostentosas de la elite aristocrática durante todo el período romano.
Es tentadora, por consiguiente, la idea de hacer conjeturas sobre si la tumba de Alejandría era circular y si primero los reyes numídicos y después Augusto siguieron el ejemplo del mausoleo de sus ilustres predecesores. Podemos suponer, además, que la tumba de Alejandro Magno estaba decorada con columnas adosadas o (lo que es más probable) empotradas por todo el alrededor exterior (como en Le Medracen, en Tipasa) y, sin duda, lujosamente adornada con esculturas. Pero no es posible presentar pruebas estrictas. Un intento reciente, del difunto Achille Adriani, de identificar la tumba de Alejandro Magno con una simple tumba hecha de losas de alabastro en el cementerio del este de Alejandría es poco convincente. Pero hasta que los arqueólogos desentierren los restos de la tumba actual (por casualidad) debajo de la moderna Alejandría, es poco probable que algún día sepamos cómo era realmente la última morada de este hombre tan excepcional.

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