martes, 1 de diciembre de 2009

El rey Arturo y el Santo Grial

"Si pudiéramos ver exactamente lo que ocurrió, nos encontraríamos con un tema tan bien fundado, inspirado e inalienable del patrimonio de la humanidad como la Odisea o el Antiguo Testamento. Es todo verdad o debería serlo; y mucho más y mejor todavía." WINSTON CHURCHILL, 1956

¿Son ciertas las leyendas del rey Arturo? ¿Reflejan una realidad histórica? Muchos entusiastas modernos del rey Arturo no se sienten cómodos con el aforismo desviado de Churchill que se ha citado antes. "Debería[mos] ser" capaces de demostrar la existencia del rey Arturo, creen, dado el conocimiento actual de las pruebas históricas y arqueológicas. Pero esto es simplificar la cuestión. La verdad del misterio del rey Arturo nos la da la historia y la arqueología, pero también la mitología, el folclore, la crítica literaria y otras disciplinas. En la busca de Camelot se debe estar preparado para descubrir no sólo a un rey Arturo, sino a muchos.
Un rey Arturo histórico continúa siendo una posibilidad, pero nos faltan buenas pruebas. Los primeros relatos escritos de sus hazañas (los dispersos Annales Cambriae y la fabulosa Historia Brittonum) fueron compuestos en los siglos VIII y IX, unos 300 años después de la fecha que se da de la muerte del rey Arturo (537 en los Annales Cambriae). Una referencia al rey Arturo, hecha de paso en el poema galés trovadoresco Y Goddodin, puede ser más antigua (el poema fue compuesto probablemente alrededor del año 600), pero no apareció escrita hasta el siglo XIII. Simplemente no hay pruebas de fuentes fundamentales de la existencia del rey Arturo. Gildas (un britano que escribía a principios del siglo VI) no mencionaba al rey Arturo; ni tampoco Bede, que escribió su famosa historia dos siglos más tarde, pero utilizando la obra del Gildas y otras fuentes fundamentales. Sin registros de la época, los historiadores no han sido capaces de encontrar argumentos sólidos para demostrar la existencia de este rey.

EL REY ARTURO Y LA ARQUEOLOGÍA
En el año 1191, monjes de la abadía de Glastonbury excavaron en su antiguo cementerio y dejaron al descubierto una tumba extraordinaria. Dentro de un ataúd, hecho de un tronco ahuecado, se encontraron los huesos de un hombre corpulento y los de una mujer cuyo pelo dorado estaba todavía intacto. Una cruz de plomo girada cerca de la tumba tenía una inscripción en latín, que rezaba: "Hic iacet sepultus inclitus rex Arturius in insula Avalonia" ("Aquí yace sepulto el ínclito rey Arturo, en la isla de Avalón").
Si esta excavación no hubiera sido polémica, no habría mucho del misterio que rodea al rey Arturo y Avalón. Pero los monjes de Glastonbury sabían lo que buscaban -un bardo supuestamente había revelado el secreto al rey Enrique II- y el hallazgo de los huesos del rey Arturo les garantizaba unos ingresos procedentes de la peregrinación que les ayudarían a pagar la reconstrucción de la abadía. El libro que hizo famoso al rey Arturo en toda Europa (History of the Kings of Britain, de Geoffrey de Mommouth, escrito en 1136) en esa época era duramente criticado por los estudiosos contemporáneos. Además, estudiosos modernos han concluido que las formas de las letras de la inscripción de la cruz (ahora perdida, junto con los huesos) no pueden pertenecer a la época en la que el rey Arturo supuestamente vivió, ya que son posteriores, y muchos ahora acusan a los monjes de haber ideado un engaño brillante.
Arteros o no, los monjes de Glastonbury fueron los primeros en buscar pruebas materiales de la existencia del rey Arturo. La busca de Camelot fascinó a los primeros anticuarios, que registraron asociaciones artúricas con lugares como South Cadbury. Pero con el desarrollo de la arqueología moderna en el siglo XX, empezaron a aparecer pruebas nuevas y convincentes relativas a la época del rey Arturo (siglos V y VI). El primer descubrimiento fue en Tintagel, en Cornualles, donde nació el rey Arturo según la obra History of the Kings of Britain de Geoffrey. Las excavaciones de Ralegh Radford dejaron al descubierto, bajo el castilo normando más posterior, los restos de varios pequeños edificios de piedra y pizarra, y miles de cascos de cerámica. Aunque las estructuras fueran poco interesantes, los cascos eran los restos de magníficas vajillas y ánforas (probablemente recipientes para vino y aceite) importadas del norte de África y del Mediterráneo oriental, de los siglos V a VII.
Radford interpretó Tintagel como un monasterio celta cuyos monjes se dedicaron al comercio activo con el mundo Mediterráneo durante más de un siglo, cuando Britania dejó de ser una provincia del Imperio romano. Más recientemente, los estudiosos prefieren ver Tintagel como la base de un poderoso cacique que la utilizaba para recibir tributos y distribuir regalos a sus sirvientes. ¿Se trataba del rey Arturo? Las últimas excavaciones en Tintagel desenterraron varios pequeños edificios más y, cubriendo una acequia de drenaje, una pizarra que daba a conocer una inscripción con la palabra "Artognov", que representa el nombre galés Arthnou. Aunque no sea Arturo, es un indicio del conocimiento del latín y de la ingeniería organizada en Tintagel en el siglo VI.
Otra excavación que llamó mucho la atención fue la obra de Leslie Alcock en South Cadbury a finales de los años sesenta del siglo XX. En el emplazamiento conocido en la zona durante siglos como Camelot, Alcock excavó un poblado fortificado prominente de la Edad de Hierro que aportó pruebas de ocupación desde el Neolítico hasta finales del período sajón. En el período artúrico (siglos V y VI), el poblado fue fortificado de nuevo de forma fantástica y se construyeron nuevas estructuras en la meseta circundante, incluyendo una gran sala de banquetes. Docenas de cascos de cerámica importada, del mismo tipo que los encontrados en Tintagel, demostraron que en South Cadbury también se dedicaban al comercio activo de productos de prestigio a finales de los siglos V y VI. Además, la mano de obra que habría sido necesaria para construir y proteger las nuevas murallas parece indicar que el rey local era de gran importancia.

EL SANTO GRIAL
Como las leyendas de Myrddin (Merlín) y Tristán e Isolda, la del Santo Grial puede haberse tratado de una tradición independiente que más tarde fue adscrita a las leyendas del rey Arturo. La primera vez que aparece el Grial (en el poema francés Perceval escrito por Chrétien de Troyes h. 1190) se trata de un plato ornamentado (graal en francés antiguo) utilizado para servir las hostias en la misa en el castillo del lisiado Rey Pescador. Como el poema quedó inacabado, los autores posteriores tuvieron libertad para representar el Grial de millares de formas. Algunos reflejan las historias de aventuras celtas precristianas de los calderos mágicos. Sin embargo, la más popular es la tradición que lo identifica con el cáliz de la Última Cena, el san graaal o Santo Grial. Esta reliquia, según los textos apócrifos medievales, pasó a estar en Britania durante la fundación de la primera comunidad cristiana de la isla, en Glastonbury.
Evidentemente, los monjes de Glastonbury también ayudaron a que esta leyenda tomara forma. De todos modos, los arqueólogos tenían curiosidad por saber si hay algo de verdad en esta tradición de una primera comunidad cristiana en Glastonbury. Ralegh Radford excavó partes de la abadía a finales de los años cincuenta del siglo XX. Encontró, bajo estructuras posteriores al periodo sajón, restos escasos de antiguas construcciones de zarzo, que interpretó que se trataba de la iglesia de los fundadores y los oratorios monásticos subsiguientes. Asimismo halló, en el antiguo cementerio, pruebas de que los monjes de Glastonbury habían excavado donde decían y descubierto sepulturas primigenias. Philip Rahtz dirigió las excavaciones en el peñasco de Glastonbury cercano una década más tarde y reveló rastros de construcciones de madera, escombros de obras de metal y cascos de cerámica importada, que le permitieron atribuir esta ocupación al período artúrico.

EL REY DEL PASADO Y DEL FUTURO
A pesar de esta oleada de actividad, no se encontró nada que se pueda identificar explícitamente con un rey Arturo histórico. Al mismo tiempo, se ha generado una auténtica industria de libros sobre el rey Arturo en Gran Bretaña y América del Norte. Estas obras, que parecen historias de detectives, postulan candidatos a rey Arturo entre los que se encuentra el general romano Lucio Artorio Casto, el caudillo bretón Riothamus, un rey galés oscuro de Gwynedd, y un Artuir, hijo del rey escocés Áedán mac Gabráin. Entretanto, las comisiones de turismo locales observan con interés para ver si el rey Arturo es declarado de Cornualles, de Gales o de Escocia.
Esta busca para tener una pieza del rey Arturo no es nueva. Ricardo Corazón de León dio a un compañero de cruzadas la supuesta espada Excalibur, mientras que Enrique VIII mostró al emperador Carlos V la "verdadera" Mesa Redonda colgada en el castillo de Winchester (aunque la pintura tenía un parecido con el mismo rey Enrique). Tanto el príncipe de Gales como el de Inglaterra utilizaron las profecías de Merlín sobre el rey Arturo para sustentar sus propios objetivos políticos, y bardos modernos como Spenser y Tennyson escribieron nuevas historias sobre el rey Arturo para magnificar las glorias de los monarcas reinantes. Como en la mayor parte de las leyendas medievales, el fin del rey Arturo está rodeado de misterio; resulta el perfecto rey del pasado y del futuro.

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